lunes, 15 de junio de 2009

Tumbando a la Gente de Espaldas ¿Así se Recibe el Espíritu Santo?

Por Julio César Clavijo Sierra


Dios nos advierte que probemos los espíritus (1. Juan 4:1) y la única forma de probarlos es por medio de lo que enseña la Palabra de Dios.

Hoy en día hay una proliferación de engañadores que predican un cristianismo sensacionalista, donde los espíritus engañadores tienen pleno control de esos servicios religiosos. Vivimos en una época llena de farsantes religiosos, de falsos testimonios, de falsificaciones de la obra del Espíritu Santo, de estafa espiritual, de falsas profecías y visiones. Por doquiera que observamos, abundan las obras de los espíritus engañadores que hacen que la gente se pierda por medio de la religiosidad. Religiones supuestamente cristianas, pero llenas de hechicería, adivinación, sensacionalismo y ocultismo.

Desde hace mucho tiempo, la gente que practica el hipnotismo y la hechicería han desmayado y han hecho caer a sus adeptos de espalda. Sin embargo, no existe ni una sola prueba bíblica de que los profetas, el Señor Jesús o los mismos apóstoles se hayan puesto a desmayar a la gente diciéndoles que eso es "el toque del Señor", "la obra del Espíritu Santo" o "la prueba de que se está siendo lleno del Espíritu Santo". La Biblia nunca presenta a un predicador del evangelio desmayando gente y esa nunca ha sido ni será una práctica de los pentecostales del nombre. La Biblia nunca nos dice que alguien recibió el Espíritu Santo desmayándose y retorciéndose en el suelo, sino que la evidencia clara e indiscutible fue la de glorificar a Dios hablando en nuevas lenguas (Hechos 2:4, 10:44-45). La Biblia nunca nos muestra a alguno que se haya acercado a Dios con un corazón contrito y humillado y se haya desmayado, haya perdido el conocimiento y se haya retorcido en el suelo permaneciendo tirado frente a una multitud, mientras el predicador se voltea, se ríe y levanta los brazos para agitar a la gente. La practica de tumbar a la gente, usada por los mal llamados "tele-evangelistas" actuales (la gran mayoría de ellos trinitarios protestantes y católicos), no es una practica bíblica sino puro hipnotismo y hechicería.

El problema es que la gente ya se está acostumbrando a que los desmayen y tumben, al punto que cuando van a donde esos "predicadores" ya están predispuestos para que eso ocurra. Simplemente se prestan para eso y dejan que eso pase. El problema es, que antes de pasar a ese lugar, nunca se han preguntado si esa es en verdad la obra de Dios o es más bien la obra de los espíritus de demonios. Hace unos años, la gente que se desmayaba, hasta se golpeaba fuerte cuando se chocaba contra el suelo, y las mujeres que iban con faldas, se exponían a la vergüenza de exhibirse frente a la multitud, pues sus vestidos usualmente se levantaban al caer. Ahora se han vuelto un poco mas "sofisticados" pues cuentan con ayudantes que se hacen por detrás de las personas para ayudarles a caer para que no se golpeen y también animan a las mujeres a que se vistan con pantalones para que no se exhiban ante la multitud". Incluso tienen batas blancas para tapar a las mujeres cuando caen.

Los predicadores golpean a las personas en la frente, les apuntan con el dedo o los soplan y la gente va cayendo sin mas ni mas. Algunos los hacen levantar para volverlos a tumbar una y otra vez, burlándose por completo de esas pobres personas. Simultáneamente, la multitud de "adoradores" aplaude al hombre que hace esto. ¡Definitivamente esa no es la obra del Espíritu Santo!

Los que caen desmayados, pierden el sentido y por ende su habilidad de pensar. Eso de poner la mente en blanco en servicios religiosos no es una doctrina bíblica sino enseñanza de la "nueva era". Eso es contrario a lo que nos enseña la Biblia cuando alguien se acerca a Dios. La Biblia nunca enseña que cuando alguien viene a Dios en arrepentimiento, el Espíritu Santo le roba al hombre su habilidad de pensar o de actuar. La Biblia enseña que un corazón arrepentido no cae de espaldas, sino que adora a Dios, y si cae, cae es de rodillas postrándose sobre el rostro y no acostado boca arriba sin ningún conocimiento de lo que sucede.

Pero si todos profetizan, y entra algún incrédulo o indocto, por todos es convencido, por todos es juzgado; lo oculto de su corazón se hace manifiesto; y así, postrándose sobre el rostro, adorará a Dios, declarando que verdaderamente Dios está entre vosotros. (1. Corintios 14:24-25).

A Dios le gusta que la persona que venga a él, venga arrepentida, en sus cinco sentidos, en su juicio cabal, pero con un testimonio de sumisión, de humildad, de arrepentimiento y de adoración, postrándose y humillándose ante Dios, reconociéndole como el único salvador, adorándole con toda la mente y con todo el corazón, y eso no lo puede hacer un desmayado.

El profeta Isaías escribió que llegaría el tiempo cuando los hombres de Dios serían llenos del Espíritu Santo con la evidencia de hablar en nuevas lenguas (lengua extraña o lengua de tartamudos). Sin embargo, el mismo profeta advierte que aquellos que no han querido entrar en el reposo que Dios da caerán de espaldas y serán quebrantados, enlazados y presos.

Porque mandamiento tras mandamiento, mandato sobre mandato, renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá; porque en lengua de tartamudos, y en extraña lengua hablará a este pueblo, a los cuales él dijo: Este es el reposo; dad reposo al cansado; y este es el refrigerio; mas no quisieron oír. La palabra, pues, de Jehová les será mandamiento tras mandamiento, mandato sobre mandato, renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá; hasta que vayan y caigan de espaldas, y sean quebrantados, enlazados y presos (Isaías 28:10-13).

Por eso no es de admirarse que aquellos que no saben cómo se recibe el Espíritu, hayan inventado que cayéndose de para atrás es la forma como Dios llena a los hombres. Esto en vez de ser una obra de Dios es una obra del diablo que engaña a las multitudes por no haber querido creer a la verdad.

En conclusión, un predicador desmayando y tumbando a la gente de espaldas en un servicio religioso, no es una práctica bíblica sino una obra de hipnotismo y hechicería.